El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, en el poder desde 1989, muere a los 86 años
Por JON GAMBRELL
DUBÁI, Emiratos Árabes Unidos (AP) — El ayatolá Alí Jamenei, quien durante décadas concentró el poder teocrático en Irán como su líder supremo y buscó convertir al país en una potencia regional, llevándolo a la confrontación con Israel y Estados Unidos por su programa nuclear mientras aplastaba a los manifestantes prodemocracia dentro del país, ha muerto. Tenía 86 años.
Los medios estatales iraníes informaron de la muerte a primera hora del domingo tras un gran ataque lanzado por Israel y Estados Unidos. El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó horas antes que Jamenei había sido abatido en la operación conjunta.
Jamenei transformó de manera drástica la República Islámica desde que tomó las riendas tras la muerte del ayatolá Rujolá Jomeini en 1989. Jomeini era el ideólogo fogoso y carismático que encabezó el derrocamiento del sha e instauró el gobierno de clérigos musulmanes chiíes encargados de difundir la pureza religiosa. A Jamenei, una figura más gris, con credenciales religiosas más débiles y un talante menos dinámico, le correspondió convertir esa visión revolucionaria en un aparato estatal.
Terminó gobernando mucho más tiempo que Jomeini. Amplió enormemente la clase clerical chií y convirtió a la Guardia Revolucionaria paramilitar en el organismo más importante que sostenía su poder. La Guardia se transformó en un coloso militar y empresarial, la fuerza más selecta del país y responsable de su arsenal de misiles balísticos, con presencia en múltiples sectores de la economía iraní.
Pero las tensiones se volvieron más difíciles de contener. La represión política y una economía renqueante alimentaron oleadas sucesivas y cada vez mayores de protestas masivas. La indignación por la muerte en 2022 de Mahsa Amini, detenida por no llevar correctamente el velo obligatorio, escaló hasta convertirse en manifestaciones contra las restricciones sociales. A principios de enero, cientos de miles marcharon en ciudades de todo el país, y muchos coreaban: “Muerte a Jamenei”.
Jamenei respondió con la represión más mortífera vista en casi 50 años de gobierno clerical, cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra las multitudes y mataron a miles.
Al mismo tiempo, las guerras en Oriente Medio desencadenadas por el ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023 pusieron en marcha el colapso del “Eje de la Resistencia” regional construido por Jamenei. Israel e Irán se atacaron directamente por primera vez en 2024. Israel volvió a golpear a Irán en junio de 2025, cuando fuerzas israelíes y estadounidenses golpearon el programa nuclear del país y mataron a altos mandos militares y científicos nucleares. Irán respondió enviando misiles y drones contra Israel.
La muerte de Jamenei plantea interrogantes sobre el futuro de la República Islámica.
La Asamblea de Expertos, de 88 escaños, un grupo compuesto en su mayoría por clérigos de línea dura, elegirá al sustituto de Jamenei. Pero no hay un sucesor claro.
Mientras iniciaba el bombardeo el sábado, Trump instó a los iraníes a “tomar el control de su gobierno. Será suyo para tomarlo. Probablemente esta sea su única oportunidad en generaciones”. Lo que ocurra a continuación puede depender en gran medida de organismos como la Guardia Revolucionaria, que ha demostrado repetidamente su disposición a usar una fuerza abrumadora para conservar el poder, incluso cuando muchos de los 90 millones de iraníes se sienten cada vez más desencantados.
“Culturalmente, el gobierno está en bancarrota”, manifestó Mehdi Khalaji, analista del Washington Institute for Near East Policy, en 2017. “La ideología de la República Islámica no funcionó en absoluto”.
La hija y el yerno de Jamenei, un nieto y una nuera también murieron en el ataque del sábado, según la agencia semioficial Fars, que citó fuentes no identificadas.
El gobierno iraní declaró 40 días de luto público y un feriado público nacional de siete días para conmemorar la muerte de Jamenei.
De un inicio cuestionado a un férreo control sobre Irán
Ali Jamenei nació en el seno de una familia religiosa en la ciudad santa nororiental de Mashhad, un foco de fervor revolucionario durante la lucha contra el sha aliado de Occidente, Mohammad Reza Pahlavi.
Como muchos otros líderes iraníes, estudió con Jomeini en el seminario de la ciudad santa de Qom, al sur de Teherán, a comienzos de la década de 1960, antes del exilio de Jomeini a Irak y Francia.
Jamenei se unió al movimiento contra el sha, y pasó tiempo tanto en prisión como en la clandestinidad. Cuando Jomeini regresó triunfante a Irán en febrero de 1979 y proclamó la República Islámica, Jamenei fue designado para el hermético Consejo Revolucionario. En 1981, fue elegido tercer presidente de Irán; ese mismo año, un atentado con bomba perpetrado por opositores le dejó una mano paralizada.
Con sus gafas gruesas de montura pesada, Jamenei carecía de la mirada acerada y el aura ardiente de Jomeini, el padre de la Revolución Islámica. Estaba muy por debajo de Jomeini en erudición religiosa, y ostentaba el rango relativamente bajo de “hoyatoleslam” en la jerarquía clerical chií.
Tras ser nombrado líder supremo después de la muerte de Jomeini, ascendió de la noche a la mañana al nivel de gran ayatolá, en la cúspide de la jerarquía, y durante años tuvo que lidiar con el escepticismo sobre sus credenciales.
Jamenei reconoció las dudas con humildad. “Soy un individuo con muchas faltas y carencias y, en verdad, un seminarista menor”, expresó en su primer discurso en el nuevo cargo.
Pese a su falta de carisma, Jamenei estabilizó Irán tras la guerra con Irak de la década de 1980 y gobernó durante más de tres décadas, mucho más que Jomeini.
Los sectores de línea dura lo consideraban segundo sólo después de Dios en su autoridad. Jamenei creó una burocracia en constante crecimiento de clérigos chiíes y agencias gubernamentales que difuminaban responsabilidades y lo dejaban como árbitro final. Cuando Irán se preguntaba si debía mantener a la Guardia Revolucionaria tras la guerra con Irak, Jamenei acudió en su auxilio y permitió que la fuerza paramilitar afianzara un poderoso control sobre la economía iraní. También utilizó un sistema de designados para socavar al gobierno civil elegido por la población.
El ascenso y la caída de las fuerzas aliadas de Irán
Bajo el mandato de Jamenei, Irán pasó por completo de la guerra convencional al apoyo de fuerzas aliadas, construyendo el llamado Eje de la Resistencia para impulsar sus intereses en la región. El grupo político y militar libanés Hezbollah, establecido con ayuda de Irán en la década de 1980, expulsó a Israel del sur de Líbano en 2000 y lo enfrentó hasta un empate en la guerra de 2006, que duró un mes.
A través de Hezbollah, Irán perfeccionó una estrategia de convertir a grupos armados locales en aliados para proyectar poder, a menudo mediante la violencia. Irán siguió ese modelo al respaldar a los rebeldes hutíes de Yemen, que en 2014 tomaron la capital del país, Saná, y se mantuvieron durante más de una década en una guerra estancada en la nación más pobre del mundo árabe, pese a enfrentar a una coalición liderada por Arabia Saudí y, más tarde, ataques aéreos encabezados por Estados Unidos por sus agresiones en el corredor del mar Rojo.
En otros lugares, combatientes que presunto apoyo iraní bombardearon un centro judío en Buenos Aires en 1994, matando a 85 personas. También se acusó a Irán de estar relacionado con el atentado de 1996 contra el complejo residencial Khobar Towers en Arabia Saudí, que mató a 19 militares estadounidenses. Irán negó la responsabilidad en ambos ataques.
Irán surgió como uno de los principales beneficiarios de la invasión de Irak encabezada por Estados Unidos en 2003, que sustituyó a su principal amenaza regional, Saddam Hussein, por un gobierno amigo liderado por chiíes. Milicias respaldadas por Irán libraron una brutal insurgencia contra las fuerzas estadounidenses y se incrustaron en el panorama político del país.
Jamenei utilizó con mayor éxito la Fuerza Quds expedicionaria de la Guardia después de que los extremistas suníes del grupo Estado Islámico se apoderaran de grandes extensiones de Irak y Siria en 2014. Tropas de la Guardia asesoraron a milicias chiíes, los mejores combatientes en Irak, y brindaron un apoyo crucial al presidente Bashar al-Assad en la guerra civil siria.
Eso aseguró a Assad durante una década, hasta el caos desatado por el ataque de Hamás contra Israel en 2023. Israel devastó la Franja de Gaza y lanzó ataques aéreos y operaciones terrestres que pulverizaron a Hamás, al que Irán había armado y financiado durante años. Se cree ampliamente que Israel mató al líder de Hamás Ismail Haniyeh en una operación en Teherán en 2024, lo que supuso una nueva humillación para la República Islámica.
Hezbollah vio a sus filas convertirse en objetivo de dispositivos buscapersonas que explotaban y una campaña israelí mató a su líder histórico, Hassan Nasrallah. Luego, en diciembre de 2024, combatientes rebeldes derrocaron a Assad en una ofensiva en Siria, poniendo fin a medio siglo de gobierno autocrático de su familia.
El programa nuclear avanza a niveles cercanos a grado armamentístico
El líder supremo mantuvo una profunda desconfianza hacia Estados Unidos, al que se refería como el “Gran Satán” incluso después de que el presidente Barack Obama asumiera el cargo en 2009, ofreciendo diálogo y un nuevo comienzo.
Desestimó las sanciones de la ONU y siguió adelante con el programa nuclear de Irán, que Estados Unidos y sus aliados sostienen que ocultó un proyecto secreto para construir un arma nuclear hasta 2003. Jamenei emitió una fatua verbal, o dictamen religioso, según la cual las armas nucleares son antiislámicas, pero prometió que el país nunca renunciaría a su derecho a desarrollar lo que llamó un programa pacífico de energía nuclear.
En virtud del acuerdo nuclear de 2015 entre Irán y las potencias mundiales, Teherán aceptó reducir drásticamente sus reservas y el enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de sanciones económicas. Pero solo tres años después, Trump, en su primer mandato, retiró unilateralmente a Washington del pacto, argumentando que no iba lo suficientemente lejos.
Desde entonces, Irán ha incumplido todos los límites del acuerdo nuclear y ha acumulado una reserva de uranio enriquecido a niveles casi de grado armamentístico, ahora lo bastante grande como para perseguir varias armas nucleares si así lo decidiera. Los esfuerzos diplomáticos para restaurar el acuerdo bajo el presidente Joe Biden se estancaron.
En un discurso de marzo de 2011, Jamenei usó al derrocado dictador libio Moammar Gadhafi, que había abandonado su propio programa nuclear años antes, como ejemplo de por qué el programa nuclear de Irán seguía siendo tan importante tras las convulsiones de la Primavera Árabe en Oriente Medio.
“Del mismo modo que le das una paleta a un niño, los occidentales les dieron ‘incentivos’ y ellos lo entregaron todo”, afirmó Jamenei.
Las protestas y las exigencias de cambio crecieron
El primer gran desafío de Jamenei llegó en 1997, cuando políticos reformistas obtuvieron el control del parlamento y el clérigo Mohammad Jatamí fue elegido presidente por una victoria aplastante, impulsado por un gran voto juvenil. Los reformistas exigían flexibilizar las estrictas normas sociales impuestas por la revolución y pedían mejorar los lazos con el exterior, incluido Estados Unidos.
Los sectores de línea dura respaldados por Jamenei se movieron para contener el movimiento progresista, temiendo que con el tiempo pidiera el fin del gobierno clerical. Jamenei impidió que el parlamento relajara las restricciones a los medios en una intervención inusualmente abierta. Organismos clericales bloquearon otras leyes liberales clave y prohibieron a muchos legisladores reformistas postularse a la reelección, asegurando el regreso del control de línea dura en las elecciones de 2004.
Eso preparó el terreno para la elección del presidente de línea dura Mahmoud Ahmadineyad en 2005 y su controvertida reelección en 2009, en medio de acusaciones de fraude electoral. Estallaron protestas masivas, que plantearon la mayor amenaza en décadas para el liderazgo clerical de Irán. La Guardia Revolucionaria, la milicia Basij y la policía desataron una represión en la que decenas murieron y cientos fueron arrestados.
La agitación, y los informes de manifestantes torturados hasta la muerte o violados en prisión, asestaron un duro golpe al prestigio de Jamenei.
A medida que las sanciones apretaban más, aumentó el descontento popular. En 2017 estallaron protestas económicas y en 2019 las manifestaciones se intensificaron por un aumento de los precios de la gasolina fijados por el gobierno. La sangrienta represión posterior mató a más de 300 personas, según activistas.
Aunque Jamenei luchó por preservar la pureza ideológica de la Revolución Islámica, el gobierno de Irán ha fracasado en gran medida en erradicar la influencia occidental del país. Las antenas parabólicas, prohibidas en teoría, abarrotan las azoteas de Teherán. Las redes sociales prohibidas se usan ampliamente, incluso por algunos políticos destacados, pese a estar bloqueadas.
Las protestas estallaron de nuevo en 2022 por la muerte de Amini, una joven detenida por no llevar su hiyab, un pañuelo sobre el cabello, como querían las autoridades. Más de 500 personas murieron y decenas de miles fueron arrestadas cuando las fuerzas de seguridad volvieron a aplastar las manifestaciones.
A finales de diciembre de 2025, estallaron nuevas protestas económicas y crecerían hasta convertirse en lo que parecía ser el mayor movimiento de protesta de la historia. Cientos de miles en todo el país salieron a las calles, exigiendo abiertamente el fin de la República Islámica. Algunos incluso coreaban por el regreso del hijo del sha, que vive en el exilio desde 1979. La ferocidad de la represión dejó atónitos a los iraníes.
Confrontación con Estados Unidos
Con el presidente estadounidense Donald Trump, Jamenei enfrentó un esfuerzo estadounidense más agresivo e impredecible para detener el programa nuclear de Irán. Trump retiró unilateralmente a Estados Unidos del acuerdo nuclear de Irán con las potencias mundiales en 2018, lo que trajo el regreso de las sanciones.
Ambas partes estuvieron cerca de la guerra después de que un ataque con dron estadounidense matara al general de la Guardia Revolucionaria Qassem Soleimani en enero de 2020. En el funeral masivo de Soleimani, que llevó a millones de personas a las calles, Jamenei lloró sobre el féretro del hombre al que una vez llamó un “mártir viviente”. Dos días después, la Guardia derribó por error un avión ucraniano poco después de despegar de Teherán, matando a las 176 personas a bordo.
Irán volvió a acelerar el enriquecimiento de uranio, alcanzando una pureza del 60%, un paso técnico corto de los niveles de grado armamentístico del 90%. Aun así, cuando Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, Jamenei reanudó las conversaciones, subrayando el profundo costo que habían tenido las sanciones. La economía iraní, enferma desde hace tiempo, entró en caída libre, agravando el malestar interno.
Pero el acuerdo siguió siendo esquivo. En junio, Israel y Estados Unidos bombardearon instalaciones nucleares iraníes, infligiendo graves daños. Hasta qué punto retrasó el programa seguía sin estar claro.
Durante la represión de las protestas nacionales en enero, Trump renovó las amenazas de atacar, exigiendo que Irán hiciera grandes concesiones en la mesa de negociación. Luego vinieron tres rondas de conversaciones indirectas. Luego llegó el sábado.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
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El exredactor de The Associated Press Brian Murphy contribuyó.
