Agentes iraníes obstaculizaron la atención en hospitales llenos de manifestantes heridos
Por SARAH EL DEEB
BEIRUT, Líbano (AP) — Mientras los manifestantes antigubernamentales heridos llegaban en masa a un hospital iraní durante la represión del mes pasado, un joven doctor corrió a la sala de emergencias para ayudar a atender a un hombre de unos 40 años que había recibido un disparo en la cabeza a quemarropa.
Cuando el médico y otros intentaron reanimarlo, un grupo de agentes de seguridad armados y sin uniforme les bloquearon el paso, empujando a algunos hacia atrás con sus fusiles, según relató el sanitario a The Associated Press.
“Lo rodearon y no nos permitieron avanzar más”, contó el doctor en Rasht, una ciudad del norte del país.
Minutos después, el hombre había fallecido. Los agentes metieron su cuerpo en un saco negro para cadáveres. Más tarde, apilaron ese y otros cuerpos en la parte trasera de una furgoneta y se marcharon.
Este no fue un incidente aislado.
Durante varios días a principios de enero, agentes vestidos de civil irrumpieron en hospitales de varias ciudades donde se atendía a los miles de heridos por las fuerzas de seguridad iraníes, que dispararon contra multitudes para sofocar las multitudinarias protestas contra la República Islámica, que surgió hace 47 años. Estos agentes vigilaron y, en ocasiones, obstaculizaron la atención a los manifestantes, intimidaron al personal, detuvieron a inconformes y se llevaron los cadáveres. Decenas de médicos fueron arrestados.
Este reportaje se basa en entrevistas de The Associated Press con tres médicos en Irán y seis profesionales sanitarios iraníes que viven en el extranjero y están en contacto con compañeros en el país; reportes de grupos de derechos humanos y la verificación por parte de la AP de más de una docena de videos publicados en redes sociales. Todos los doctores dentro de Irán hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias.
La AP colaboró con Mnemonic, una organización con sede en Berlín, para identificar videos en internet, publicaciones y otros materiales relacionados con la violencia en hospitales.
Los doctores en Irán y en el extranjero afirmaron que el nivel de brutalidad y militarización de los centros de salud no tenía precedentes en un país que durante décadas ha experimentado represiones contra la disidencia y la vigilancia de las instituciones públicas.
El Centro de Derechos Humanos de Irán, con sede en Oslo, ha documentado múltiples relatos desde hospitales que hablaban de agentes de seguridad que impedían la atención médica, retiraban la respiración asistida a pacientes, hostigaban a médicos y detenían a manifestantes.
El gobierno culpó de las protestas y la violencia posterior a los “terroristas” armados que cuentan con respaldo extranjero.
El vocero del Ministerio de Salud, Hossein Kermanpour, negó los reportes sobre la denegación de asistencia médica o de que se llevaran a manifestantes de los hospitales, y los calificó de “falsos, pero también fundamentalmente imposibles”. Según sus declaraciones publicadas por la prensa estatal, todos los heridos fueron atendidos “sin ninguna discriminación ni interferencia por sus opiniones políticas”. La misión iraní ante Naciones Unidas no respondió a una solicitud de comentarios sobre los relatos de los médicos.
Los doctores trataron de proteger a los heridos
La represión, que alcanzó su apogeo el 8 y 9 de enero, fue la más letal desde la implantación de la República Islámica en 1979. Los detalles han tardado en conocerse debido a las restricciones en el acceso a internet impuestas por las autoridades.
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos sostiene que confirmó más de 7.000 decesos y que está investigando miles más. El gobierno ha reconocido más de 3.000 fallecidos, aunque en disturbios anteriores ha subestimado o no ha informado de víctimas mortales.
Una vez que comenzó la represión, el médico de Rasht contó que trabajó durante 66 horas infernales, visitando cada día un centro distinto para ayudar con los heridos: primero a un centro de traumatología, luego a un hospital y finalmente a una clínica privada.
Agentes armados llevaban a manifestantes heridos y los vigilaban mientras el personal trabajaba, explicó el doctor. Cuando llegaba el momento de dar de alta a un paciente, apuntó, “se llevaban a cualquiera que se confirmara que era manifestante”.
El médico indicó que él y otros miembros del personal intentaron ocultar a manifestantes heridos registrando diagnósticos falsos en sus historiales.
“Sabíamos que, hiciéramos lo que hiciéramos por los pacientes, una vez que salieran del hospital no estarían a salvo”, expresó.
La AP no pudo confirmar de manera independiente el relato del doctor sobre lo ocurrido en el hospital de Rasht, pero su versión coincidía con reportes de la AP.
La cobertura de AP se centró en lo sucedido en cuatro hospitales, que ofrece un vistazo a la actividad de las fuerzas de seguridad iraníes. Mnemonic recopiló decenas de videos, publicaciones y otros testimonios que, según dice, mostraban la presencia de agentes dentro y en las inmediaciones de nueve hospitales, en algunos casos disparando armas y gases lacrimógenos. Mnemonic lleva desde 2022 conservando evidencia digital de violaciones de derechos humanos en Irán y ha elaborado, junto a sus socios, un archivo de más de dos millones de documentos.
Un video verificado por AP muestra a agentes de seguridad rompiendo las puertas de vidrio de la entrada del Hospital Imán Jomeini en la ciudad occidental de Ilam. Luego irrumpen en los pasillos con sus armas, gritando a la gente.
El Ministerio de Salud dijo a medios estatales que estaba investigando el incidente y afirmó su compromiso con la protección de los centros médicos, su personal y los pacientes.
Atender a los heridos en la clandestinidad
La noche del 8 de enero, un cirujano de 37 años cenaba en Teherán cuando recibió una llamada de una amiga en la profesión, una oftalmóloga. El miedo en su voz dejaba claro que necesitaba ayuda urgentemente. La mujer le dio una dirección.
Poco antes de la medianoche, condujo hasta el lugar, una clínica de estética. Dentro, encontró el vestíbulo transformado en una sala de traumatología, con más de 30 hombres, mujeres, niños y ancianos heridos en los sofás y en el suelo cubierto de sangre, gritando y llorando.
El cirujano pasó allí casi cuatro días en los que, según sus cálculos, atendió a más de 90 personas. Al principio, estaban él, la oftalmóloga, un dentista y dos enfermeras. Con el tiempo, el cirujano llamó a otros tres médicos para que echaran una mano.
Usó cajas de cartón y piezas de metal blando como férulas para los huesos rotos. Sin anestesia ni analgésicos fuertes a su disposición, recurrió a otros más débiles en supositorios. La clínica no tenía reservas de sangre ni capacidad para realizar transfusiones.
No podían derivar a los heridos a hospitales por temor a que los arrestaran.
Un joven de unos 20 años había recibido un disparo con munición real en el codo, que se lo destrozó. El cirujano suturó las heridas, pero sabía que habría que amputarle el brazo.
Una familia de cuatro miembros —madre, padre y dos hijos de ocho y 10 años— estaban acribillados a perdigones, contó el doctor.
El cirujano contactó con médicos de su confianza la mañana del 9 de enero para enviarles pacientes. Pero primero tenía que asegurarse de retirar todas las balas y perdigones de sus cuerpos para que no los detuvieran en el hospital. Escribió cartas de traslado en las que explicó que los enfermos habían sufrido accidentes de tráfico.
Ninguno de los heridos murió en la clínica, aseguró. La AP no pudo confirmar de manera independiente el relato del cirujano sobre lo ocurrido en el centro.
Doctores, en el punto de mira
Desde el 9 de enero, al menos 79 profesionales de la salud han sido arrestados, incluidos una docena de estudiantes de medicina, dijo Homa Fathi, una dentista iraní que cursa un doctorado en Canadá y es miembro de IIPHA, que ha estado monitoreando las acciones del gobierno de Teherán contra los trabajadores del sector sanitario desde 2022.
Unos 30 han quedado en libertad, la mayoría bajo fianza, pero muchos aún enfrentan cargos, incluyendo uno que está acusado de librar una “guerra contra Dios”, un cargo que podría suponer una sentencia de pena de muerte, señaló Fathi.
El cirujano que atendió a manifestantes en la clínica secreta dijo que le sorprendió que las fuerzas de seguridad nunca irrumpieran en ese lugar para practicar detenciones.
Pero sí ha habido arrestos: dos sanitarios que se ofrecieron como voluntarios en la clínica fueron sacados de sus casas, contó el cirujano.
“Yo también estoy esperando”, apuntó.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
